Combate contra el analfabetismo

Por Esperanza Carolina Hernández. Reportaje publicado en la Revista América XXI Nº3, de septiembre de 2003

Luego de que el censo nacional realizado en Venezuela en el 2001 mostrara que más de millón y medio de venezolanos no sabían leer ni escribir, el diseño de un proyecto de alfabetización pasó a ser una de las prioridades del gobierno bolivariano. La meta es lograr alfabetizar a un millón de personas en lo que queda del año y a otras quinientas mil en el primer trimestre del año entrante.

La misión es muy compleja, reconoció Eliécer Otayza, presidente del Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE) y de la Comisión Nacional Alfabetizadora, pues el objetivo es sentar a un millón de personas en cincuenta mil aulas con cien mil facilitadores en los lugares más apartados del país, "donde jamás ha llegado ningún tipo de servicio", advirtió.

A pesar de las dificultades, Misión Robinson ya comenzó a mostrar efectividad. El proyecto piloto que arrancó el 26 de mayo de este año en los Estados Aragua, Miranda, Vargas y Distrito Capital ya tuvo sus primeros graduados. El 23 de julio pasado, más de trescientos nuevos lectores dieron testimonio de la calidad de la enseñanza recibida en menos de dos meses con desarrollo en capacidades de lecto-escritura y conocimientos matemáticos, cuando el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, graduó a los primeros alfabetizados de la Misión en un acto realizado en el Teatro de la Ópera de la ciudad de Maracay, en el Estado Aragua.

Características de Misión Robinson
La organización, dirección y supervisión del proyecto impulsado por el presidente Hugo Chávez depende de un Comité Ejecutivo conformado por funcionarios del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, las guarniciones militares, el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE), Fundacomun y el Instituto de Juventud Venezolana. También actuarán como apoyo universidades, organizaciones sociales, el clero y otras instituciones públicas y privadas.

Misión Robinson, que tomó su nombre del pseudónimo utilizado el maestro de Simón Bolívar, Simón Rodríguez, representa una verdadera ruptura de los esquemas educativos conocidos hasta ahora en Venezuela, pues aplica un método innovador y considera que erradicar el analfabetismo es sólo la primera fase de un proceso con objetivos aún más ambiciosos.

Para que un gran número de venezolanos aprenda a leer y a escribir, un grupo de setenta y cuatro expertos cubanos prepararon a los alfabetizadores venezolanos, que son los encargados de enseñar a sus compatriotas. Los facilitadores son parte indispensable del proyecto, ya que el éxito de la misión depende de su paciencia, voluntad, amor, entrega y compromiso.

El rol que deben desempeñar es el de personalizar el proceso de enseñanza y brindar confianza a los futuros alfabetizados. El equipo de facilitadores está integrado por un voluntariado proveniente de diferentes sectores de la sociedad venezolana e incluye a estudiantes universitarios, reservistas, amas de casa y gente de las comunidades.

El proyecto está dirigido a jóvenes y adultos naturales de los ámbitos tanto rurales como urbanos, población indígena que será atendida de manera bilingüe (castellano- dialecto), población penitenciaria, además de jóvenes y adultos discapacitados con necesidades educativas especiales.

El plan llega a los lugares más apartados de Venezuela. El equipo de voluntariado atiende inclusive a ciento cincuenta comunidades indígenas con instructores bilingües y trilingües, que además del castellano, están preparados en los dialectos Jibi, Wuayú, Araguaco, Curripaco y en el caso de la etnia Guarao, por su cercanía con el Brasil, se les enseña también en el idioma portugués.

La puesta en práctica
Para materializar los objetivos de Misión Robinson, se utiliza el método Yo sí puedo, que hace uso de herramientas tecnológicas para facilitar la enseñanza y tiene como eje el entusiasmo por aprender de los futuros alfabetas. Para logar el objetivo de alfabetización de un millón de venezolanos, el gobierno bolivariano ha habilitado cincuenta mil centros de alfabetización, cada uno de ellos dotado con un televisor y video casetera, con los cuales se enriquecerá audiovisualmente el proceso de instrucción, en la que participan por cada grupo un facilitador y entre veinte y treinta personas en fase de aprendizaje.

En el aspecto tecnológico es destacable el apoyo material del gobierno cubano con el obsequio de cincuenta mil televisores y la asesoría técnica y profesional necesaria para la instrucción del personal venezolano encargado de guiar el proyecto alfabetizador.

Para alcanzar las metas propuestas, Misión Robinson se sirve de tres elementos inseparables, que son la cartilla, el alfabetizador y el video. La cartilla indica una ruta de tres logotipos en el orden: una oreja y un ojo (escuchar y ver), una oreja y un libro (escuchar y leer) y finalmente una oreja y un lápiz (escuchar y escribir). El contenido de las tradicionales cartillas gira en torno a principios republicanos y aspira desarrollar en los participantes intereses en relación con la familia, la salud, el trabajo, la historia patria y, desde luego, con el proceso de cambios que se vive en el país.

En el aspecto audiovisual, se utilizan videos de temas diversos como la Constitución y las leyes, ecología, agronomía, nutrición, salud y desarrollo social. Las clases se siguen mediante el uso de la televisión, a través de la cual se enseñan e indican los ejercicios que debe realizar cada estudiante, ayudándose con la asesoría del facilitador.

Un total de sesenta y cinco clases de dos horas de duración cada una, consistentes en la proyección de videos y la posterior explicación y reforzamiento del contenido que realiza el alfabetizador, se basan en el conocimiento de los números que tiene la mayoría de la población. Así, a cada número se le asigna una letra, comenzando por las vocales y siguiendo con las consonantes, en relación directa con el uso que cada una de ellas tengan dentro del vocabulario común del venezolano.

Yo Sí puedo consta de tres fases integradas, comenzando por el adiestramiento que se efectúa en diez clases en las que se refuerza el manejo numérico y se enseñan las vocales. Luego se entra en la etapa de enseñanza de lectura y escritura, que consiste en cuarenta y dos clases, veintitrés para aprender una letra cada día y diecinueve clases para asimilar las dificultades del idioma. Por último, cada estudiante cursa once clases de consolidación de letras y dos clases finales de redacción.

Este proyecto alfabetizador presenta ventajas metodológicas importantes, entre las cuales hay que destacar la forma económica en que permite dirigirse a un gran número de iletrados, por su método sencillo, flexible y práctico, sustentado en el amor a los semejantes, que facilita una mejor comunicación entre la familia, la comunidad y el personal docente.

Los obstáculos
Las dificultades geográficas propias del territorio venezolano han sido superadas gracias al esfuerzo y el trabajo conjunto de cada uno de los integrantes que llevan adelante el proyecto.

Sin embargo, los sectores más radicales de la oposición a la revolución bolivariana, sumados a los medios de comunicación privados, comenzaron un injustificado ataque contra el plan que aspira terminar con la analfabetización, aún sin conocerse en profundidad sus objetivos y alcances.

Una agresiva campaña mediática se desató desde el anuncio del proyecto, con la intención de confundir a la colectividad. Los críticos atacaron el programa porque está inspirado en la experiencia vivida en Cuba. Lo cierto es que técnicos cubanos han aportado ideas sobre cómo organizar el proceso de enseñanza y aprendizaje para hacerlo práctico y eficaz.

El primer mandatario nacional explicó que “esta Misión Robinson no tiene nada que ver con línea política, ni con adoctrinamiento, como dicen algunos representantes del estupidismo ilustrado. Tendríamos que inventar para ellos una Misión Robinson II, a ver si los sacamos de su estupidez ilustrada (...) Siguen insistiendo en la tontería -que ya ni ellos mismos se la creen por supuesto- de que esto es un plan secreto entre Fidel Castro y Hugo Chávez para adoctrinar y sembrar el comunismo, y el eje del mal”, subrayó.

Mientras tanto, casi dos millones de venezolanos han entendido ahora que tienen derecho a saber leer y escribir, y que ese derecho lo tienen a partir de un esfuerzo gratuito de su propio Estado. En respuesta a las críticas, Otayza ha advertido a los opositores que esta vez nadie podrá detener la decisión de enseñar al pueblo. “Robinson es una campaña por la educación y la dignidad de Venezuela, en el momento histórico más importante de este siglo y que va a servir de ejemplo a los demás pueblos del continente”.

Por su parte, algunos gobernadores de Estado y alcaldes, pertenecientes a la oposición radical y golpista venezolana, se han encargado de poner piedras en el camino de la alfabetización, impidiendo que se instalen las aulas, lo que genera retrasos en la aplicación del programa. En este aspecto, Otayza se refirió especificamente al Estado Zulia, en el Occidente de Venezuela, donde según dijo, “el gobernador ha tenido su propio plan paralelo, lo cual confunde a la población por un lado y en un sentido limita los recursos”, pese a lo cual, aseguró, se han podido superar muchos de los obstáculos encontrados.

Otras medidas
Los esfuerzos emprendidos en materia educativa por el gobierno revolucionario de Venezuela desde 1999 han recibido reconocimientos internacionales, como los elogios ofrecidos por el Director General de la Unesco, Koichiro Matsuura, durante su visita al país en enero de 2001, donde destacó los esfuerzos del gobierno de Hugo Chávez para promover la enseñanza básica, reflejados en el aumento de los gastos de educación a 6 por ciento del Producto Nacional Bruto, muy por encima del 3,9 por ciento destinado para tal fin por los países subdesarrollados.

Terminado el primer proceso de aprendizaje Misión Robinson se propone instaurar un programa de postalfabetización que incluya cursos de formación, permitiendo a los nuevos alfabetas adquirir las herramientas necesarias para incorporarse a la vida productiva de la nación.

Eliécer Otayza aseguró que los estudiantes que más se destaquen en el proyecto alfabetizador tendrán una serie de beneficios adicionales que incluyen la incorporación al siguiente escalón educativo como es la Educación Básica, la oportunidad de ser becados para tomar cursos en el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE), conservatorios de música y escuelas de arte, además de participar en programas de intercambio cultural con Cuba.

Las medidas que se llevan adelante en educación no se limitan al Plan de Alfabetización Nacional (PAN). Para derrotar la ignorancia, inspirado en las palabras de Simón Rodríguez de “educar a todo el mundo, sin distinción de razas ni colores”, el Presidente de Venezuela impulsa la revolución educativa con medidas de diversa índole, que van desde la supresión de los gastos de matrícula en la educación pública, hasta la construcción de escuelas bolivarianas en zonas populares tanto urbanas como rurales.

Un revolucionario método de enseñanza

Misión Robinson utiliza el método Yo Sí puedo, inspirado en el modelo cubano denominado Venceremos y creado por la pedagoga cubana Leonela Relys. Fue aplicado con éxito en diversos países latinoamericanos, y traído a Venezuela por técnicos cubanos para lograr su “venezolanización”, notándose diferencias entre la capacidad y velocidad de aprender de los venezolanos y todas las experiencias anteriores, arrojando claras señas de que se trata de un método con carácter universal.

Misión Robinson resulta novedoso ya que la técnica cubana consistente en sesenta y siete clases enriquecidas con recursos audiovisuales, ha sido rápida y debidamente adaptada a las necesidades propias del venezolano por un equipo de especialistas nacionales que han recibido asesoría de técnicos de la isla. El método de alfabetización aplicado en Venezuela no es por tanto una mera evolución del cubano, sino una forma nueva, que nace de la Revolución Bolivariana y traduce la naturaleza popular y democrática que caracteriza el proceso de cambios que vive el pais en la actualidad.

El modelo cubano de enseñanza denominado Venceremos que referencia al método Yo Sí puedo ha sido reconocido por organismos internacionales por su efectividad, alcance, continua actualización y facilidad de adaptación a las realidades de los distintos países, como el recientemente otorgado por la Unesco y por el Proyecto de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Venceremos tiene sus orígenes en el llamado Método de las Palabras Normales, formulado por el Seminario Interamericano de Educación celebrado en el año 1948 en la ciudad de Caracas. Al ser modificado para adaptarlo a la realidad cubana, este método logró superar algunos obstáculos que se presentaron originalmente y al fin fue aplicado en la isla en 1961, logrando reducir el analfabetismo de 23,6 a 3 por ciento en apenas un año de implementación.

Venceremos se modernizó con el pasar de los años, incorporando elementos audiovisuales y tecnológicos a las prácticas de aprendizaje. Uno de los componentes fundamentales del programa cubano era la participación masiva del voluntariado, ya que en vez de contratar técnicos y especialistas asalariados, el método se centró en la capacitación para el trabajo y aprendizaje de nuevas tecnologías que es precisamente uno de los objetivos prioritarios de la Unesco para el decenio 2003-2013.